Haz la prueba, es muy simple. Solo tienes que escupir en un vaso con agua por la mañana, al levantarte, antes de comer o tomar cualquier cosa, y ver si tu saliva flota o se hunde. Si se hunde como si fueran filamentos, esto podría significar que tienes una infección por hongos.
En el último tiempo, profundizando en la relación que existe entre las bacterias intestinales y nuestra salud, ha aparecido un nuevo protagonista: la micobiota, es decir, los hongos que interactúan con nuestras bacterias y afectan el eje intestino-cerebro, que cumple un papel clave en el mantenimiento de la salud y las enfermedades digestivas, neurológicas, inmunes y psiquiátricas.
Los hongos se encuentran mucho más presentes en la parte alta del aparato gastrointestinal, es decir, en la boca, estómago y duodeno, al revés de lo que sucede con las bacterias. En un intestino saludable, tenemos una menor diversidad fúngica que bacteriana.
La Candida albicans prolifera sobre todo en lugares donde hay más oxígeno y con una dieta alta en azúcares simples y almidones, condiciones que son más relevantes en la cavidad oral, urogenital y el tracto gastrointestinal superior, y menos en el colon.
El problema es que la cándida puede volverse patógena e invasiva y generar sintomatología variable y desagradable.
Así que, si te sientes excesivamente cansado, deseas permanentemente tomar algo dulce, tienes mal aliento, neblina mental, dolores articulares, molestias digestivas o pérdida de libido y, además, al escupir has visto que tu saliva se hundía, podrías estar sufriendo de candidiasis.
¿Conocías la prueba de la saliva? ¿La has hecho alguna vez?