¿Lo sabías?

¿A que te has sorprendido? Esto significa que es probable que 7 de cada 10 personas de tu entorno tengan problemas de salud causados por la lactosa, y que solo 3 la toleren bien.

Es importante que entendamos bien a qué nos referimos cuando hablamos de intolerancia a la lactosa. Hablamos de un problema que afecta a muchísimas personas, ¡7 de cada 10!

Las causas del gran número de personas intolerantes a la lactosa pueden ser de origen genético –es decir, el gen que codifica la fabricación de la lactasa tiene reducida su actividad biológica– o lo que se conoce como de origen secundario.

El origen secundario de la intolerancia a la lactosa hace referencia a un intestino dañado o con una composición de la microbiota que dificulta que se fabrique la enzima lactasa. De aquí que cada vez haya más gente intolerante a la lactosa.

Como verás en el mapa, las poblaciones del norte de Europa y de Estados Unidos coloreadas en verde cuentan con un mayor número de personas que mantienen la actividad genética; en cambio, en Asia, África o Japón, que descienden de culturas que no consumían lácteos, tienen genes que se “apagan” antes.

Esta mayor tolerancia a la lactosa de las poblaciones del norte tiene sentido, pues se trata justamente de quienes menos ven el sol y, por tanto, los lácteos implican un aporte de vitamina D.

La dificultad para digerir la lactosa está detrás de síntomas muy diferentes, que pueden ubicarse en el aparato digestivo, pero también fuera de él. En el próximo post te explicaremos cuáles son los signos que te indican que no digieres bien este carbohidrato.