¿Recuerdas que el otro día hablábamos de los alimentos de origen vegetal ricos en calcio?

Sigue leyendo porque la historia no acaba aquí.

Existen unos cuantos cuidados que deberían acompañar la ingesta de estos alimentos para que puedas aprovecharlos de verdad. Aportar calcio es importante, pero sobre todo es fundamental que lo absorbas y que vaya a parar a los huesos y dientes.

Lo primero, huir de los ladrones del calcio:

Existen algunas sustancias que reducen o entorpecen la absorción del calcio.
Por un lado, los fitatos, que son sustancias presentes en algunos cereales, frutos secos y legumbres. Su manera de “secuestrar” el calcio es uniéndose a la molécula formando un compuesto insoluble que no podemos absorber. Este problema suele mejorar muchísimo con un buen remojo.

Los oxalatos, que podemos encontrar en acelgas, espinacas, remolacha o cacao, y que también son sustancias que dificultan la absorción del calcio. Lo suyo es que busques el calcio en otros alimentos, que no contienen oxalatos.

Asegurar unos buenos niveles de vitamina D

La vitamina del sol es la que, entre muchísimas otras funciones orgánicas, se encarga de que el calcio que ingieres vaya a parar al hueso y no quede en otros tejidos en donde no nos interesa.

Tomar alimentos ricos en vitamina K

Esta vitamina, presente sobre todo en las hojas verdes y las crucíferas, es un micronutriente clave en el metabolismo óseo.

Tener cuidado con la sal

Principalmente aquella que está refinada o que proviene de los productos procesados. Una ingesta elevada de sodio incrementa la excreción del calcio en la orina.

Realizar ejercicio físico

También es fundamental que te muevas, que hagas deporte, porque de esta forma favorecerás a que se deposite adecuadamente en los huesos. Está demostrado que aquellas personas que hacen ejercicio físico de forma regular (especialmente ejercicio de fuerza), tienen mayor densidad ósea que las personas sedentarias.